¿Qué es esto de meditar? La pregunta que me gusta evadir

“¿Qué es eso de la meditación?” es una pregunta de rutina, cuando comparto que llevo a cabo prácticas de meditación. Dicha pregunta, regularmente, va acompañada de una anécdota, también común: “Yo intenté hacerlo, pero no pude… eso no es para mí.” Prefiero evadir la pregunta y enfocarme en lo segundo, porque la mayoría de las veces, la persona que pregunta no quiere tener mi respuesta. Según mi impresión, lo que quiere hacer es ofrecerme una especie de “revelación de espaldas”, con tal de que su propia experiencia no sea vista como una “fracaso”: “Intenté meditar, lo hice por un tiempo; pero descubrí que no es para mí”. En otras palabras: “Después de meditar, descubrí que no quiero ni puedo meditar.” No los juzgo. En verdad sé que hay muchas razones para dejar de meditar, las he vivido y procuro no valorarlo como “fracaso”. De hecho, hay muchos días en que yo mismo amanezco con ganas de abandonar todo lo que me recuerde la palabra “meditación”. Solo no sé cómo dejar de hacerlo o quizá no quiero. Lo he dejado por periodos largos, varias veces, pero siempre termino volviendo al cojín; algunos días con pereza y otros con gran entusiasmo. Como sea, siempre vuelvo. Varias ocasiones escuché argumentos para tratar de desacreditar las prácticas meditativas. En mi opinión, es complicado disminuir una actividad que han llevado a cabo millones de personas desde hace más de 2 500 años. Seguramente, también ellos quisieron abandonar sus prácticas más de una vez, y quizá, después de meditarlo, descubrieron que debían meditar un poco más... Solo a través de la práctica, pudieron encontrar las respuestas certeras, una y otra vez. Por eso me gusta evadir la pregunta “¿qué es la meditación?” Si su curiosidad es auténtica, no le importará mi respuesta. Solo buscará una forma de aprender a meditar y ya. Las personas que nos iniciamos en estas prácticas, igual que las personas que lo han hecho años o siglos atrás, lo hacemos por una curiosidad auténtica; buscamos en todos los lugares para aprender y después de un tiempo se vuelve algo que hacemos con devoción. Aunque no sepamos lo que estamos haciendo, lo hacemos. Si tengo duda, me siento a meditar y si las incertidumbres cesaron, entonces medito y comienzo a preocuparme realmente; otras veces, la mayoría de ellas, disfruto el recorrido en este aparente laberinto sin salida. Y ésta es otra razón por la que evito responder “¿qué es la meditación?”. Me resulta complejo ofrecer una postura sin evitar estados que romanticen la práctica. Además, cada vez que he intentado dar una respuesta clara y sencilla, termino complicando la situación. Intento irme por una vereda y desemboco en una explicación fangosa. Sobre todas las cosas evito la pregunta, porque hay muchas explicaciones y discursos sobre qué es o no la meditación. Existen miles de textos (budistas y no budistas) diversas instituciones, universidades y suficientes youtubers que ofrecen comentarios razonables sobre qué es la meditación. Además, hay instrucciones gratuitas y precisas sobre cómo meditar. Pero yo no me formé en ningún monasterio, apenas y comprendo algunos textos, no soy erudito ni autoridad académica; es más, ni siquiera tengo un canal en YouTube, como para ser, al menos, verosímil y ofrecer una respuesta. Si se desea un discurso sobre qué es meditar, lo mejor es ir buscar una respuesta satisfactoria en el Canon Pali, en la explicación que ofrecen los profesores del posgrado en mindfulness y hasta seguir las instrucciones del youtuber. No obstante, me parece que coincidirían en una cosa: es necesario meditar para saber qué es; incluso, hay que meditar, para tener la capacidad de poner en tela de juicio aquello que se nos dijo. No me parece fútil la teoría de qué es o qué no es la meditación. Pero, sin importar si se trata de la explicación del Canon o de un canal de YouTube; me parece que ofrecer una definición (de esto o aquello) nos permite asumir esa explicación discursiva como si fuera única, e incluso peor: podría hacer que dicho razonamiento se acomode a nuestro deseo y expectativa de lo que es meditar. Y una vez que hemos logrado instalar la racionalidad de lo que es meditar, el único poder que haría posible disolver esa idea sería otra idea que se ajuste mejor a nuestro estado neurótico. Un discurso que saca al discurso inicial en un proceso racional sin fin. Asimismo, cuando nos acercamos a la meditación a través de la razón, sin devoción; ni el Canon Pali ni las descripciones científicas o eruditas, evitarán que la discursividad termine sumándose a nuestra colección de saberes. En esa medida, un posgrado en mindfulness solo terminará formándonos para ser parte del creciente mercado espiritual. Hay una gran diferencia cuando la autenticidad de la práctica se une a la explicación de la teoría de un maestro que conoce a profundidad el Canon Pali y mucho más. Y eso es algo que no ofrece ningún video de YouTube. Sentarse a meditar es una de las formas más efectivas que hay para saber qué es. La única forma de comprender la práctica es practicando; del mismo modo que la forma más efectiva de aprender a jugar es jugando. Y después de que pase la euforia de la curiosidad, cuando tengamos dudas y conflictos, tendremos que ir a la teoría y comprender las reglas para saber que no estamos haciendo trampa, para evitar manipular el tablero y, sobre todo, para evitar que estemos engañándonos.

Cristopher Garnica

3/12/20261 min read

Abstract flowing blue and earth-toned waves symbolizing continuous consciousness and dynamic change.
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Flujo eterno